Debate3en Arte Sonoro, ruido y la honestidad de quien escucha.

  1. Mónica Méndez González says:

    Hola, Antonio.

    Gracias por tu reflexión. Me parece honesta y necesaria, sobre todo porque pone sobre la mesa una cuestión que el propio módulo plantea de fondo: si hablamos de arte sonoro, necesitamos criterios para no confundir cualquier fenómeno acústico con una práctica artística.

    Comparto la idea de que no basta con señalar un sonido para que se convierta en obra. El ruido industrial, por ejemplo, existe como consecuencia física de procesos materiales, no como propuesta estética. Sin embargo, creo que el módulo desplaza ligeramente el eje del debate: no tanto hacia «qué sonidos son arte», sino hacia «qué tipo de escucha y qué marco los convierten en práctica artística», ¿no te parece?

    Me parece clave la distinción implícita entre sonido como fenómeno físico y sonido como experiencia situada. El mismo zumbido puede ser contaminación acústica en un contexto y convertirse en intervención si hay una operación que lo articule: contexto, intención, forma de presentación y relación con el espacio. No se trata de romantizarlo, sino de reconocer que el arte no se define únicamente por la materia, sino por el dispositivo que la activa.

    Respecto a 4’33’’, quizá ahí el gesto no pretende ofrecer una ejecución, sino modificar el contrato de escucha. No obliga a que guste, pero sí cambia el marco desde el cual entendemos qué esperamos de una experiencia sonora.

    En todo caso, creo que la pregunta que planteas es pertinente y necesaria. Más que invalidar el arte sonoro, lo obliga a sostenerse críticamente. Y eso, en sí mismo, me parece pertinente, especialmente en este contexto que nos ocupa.

    Un saludo.

  2. Antonio Jiménez López says:

    Buenos días Mónica,

    En primer lugar, muchas gracias por tu respuesta. El intercambio de puntos de vista diferentes es precisamente lo que enriquece el diálogo.

    Respecto al ruido industrial, quizás no lo dejé suficientemente claro en mi exposición. Lo traigo a colación porque guarda un parecido muy estrecho en el ruido constante que se escucha, ya no dentro de las naves, en los alrededores de la industria. Escuchar a Roland Kayn ha sido, para mí, prácticamente como estar en el trabajo: ruido continuo e indistinto, con alguna variación ocasional que recuerda a lo que sucede cuando ocurre una avería o una parada de máquina. No soy capaz de discernir ningún tipo de arte en ello, porque lo que he escuchado es, fundamentalmente, ruido. Me cuesta imaginar qué puede considerarse artístico en eso.

    Por eso te lanzo una invitación: escucha este disco —o lo que sea— y cuéntame qué arte encuentras en él, qué intención percibes, qué sentimiento de admiración te genera. Yo ya lo he hecho y he explicado con honestidad lo que me produce.

    En cuanto a la distinción entre el fenómeno físico y el sonido como experiencia situada, estoy completamente de acuerdo contigo, y creo que ahí está la clave. Esos sonidos tienen pleno sentido artístico cuando forman parte de una obra construida con criterio. Voy a citar a uno de mis grandes referentes: Ennio Morricone fue un auténtico pionero al integrar instrumentos no convencionales y sonidos reales en sus bandas sonoras, transformando para siempre el lenguaje de la música cinematográfica. Silbidos humanos, aullidos de coyote, disparos, látigos, gritos, respiraciones, cadenas, campanas, ladridos de perros… Todo eso pasó por sus manos y se convirtió en música. Ahí hay transformación, hay intención, hay forma.

    Pero de eso a colocar un zumbador debajo de una alcantarilla —tal y como describe el módulo— y que solo quienes saben que está ahí puedan apreciarlo… Desde mi punto de vista, eso no es arte: es ruido con un añadido de esnobismo. Una obra que únicamente puede ser apreciada por quienes ya conocen su existencia no está comunicando nada; está filtrando al público por iniciación.

    Sobre 4’33», creo que la innovación es necesaria y legítima: es el motor del progreso humano, también en el arte. Y como propuesta filosófica, la pieza de Cage me parece coherente e incluso estimulante intelectualmente. De hecho, mientras escribo esto en completo silencio, el crujido rítmico de las teclas mecánicas sobre la placa del teclado tiene, reconozco, cierta musicalidad. Quizás Cage tenía razón en eso. Sin embargo, una cosa es descubrir la música en el silencio cotidiano y otra muy distinta es convertirlo en espectáculo. No tiene ningún sentido para mí permanecer sentado frente a un intérprete que abre y cierra la tapa del piano sin tocar una sola nota. Si tengo que elegir algo que observar durante esos cuatro minutos, prefiero al técnico de sonido: al menos estará trabajando…

    Una vez más, muchas gracias por compartir tu perspectiva. Un saludo.